La mujer, aunque no suela participar directamente en los conflictos bélicos, también es, como todas las personas involucradas, una víctima directa de ellos.
Y de ello trata uno de los últimos trabajos del fotógrafo francés JR, algo que le ha valido para ganar el
premio TED 2011. Este fotógrafo inquieto y subversivo muestra sus trabajos en las calles de todo el mundo, llegando a ciudadanos que no necesariamente suelen visitar museos o salas de exposiciones. Tal y como se explica en su
página personal, su trabajo conjuga el arte y la acción, y trata sobre compromiso, libertad e identidad.
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| Women are heroes, el libro que contiene el proyecto entero de JR |
El magnífico proyecto se titula
“Las mujeres son heroínas” y trata sobre la dignidad de las mujeres que se convierten en víctimas de los conflictos. Su obra inspiró más tarde un documental que, con el mismo nombre, fue presentado en el Festival de Cannes donde fue recibida con una gran ovación. Y para que os pique un poco más la curiosidad, aquí os mostramos el trailer del mismo:
La mujer en los conflictos armados
Según un informe del
ACNUR, se estima que en torno al 90% de las víctimas de guerra son civiles, muchos de ellos mujeres, niñas y niños. Estas cifras contrastan con lo que sucedía hace un siglo, en que ese porcentaje se daba entre el personal militar, en su mayoría masculino, ya que las mujeres tradicionalmente no han participado activamente en las fuerzas armadas al tener incluso negado el derecho a alistarse.
Los conflictos armados tienen diferentes repercusiones destructivas entre las mujeres y los hombres, ya que en el caso de las mujeres se agudiza una específica violencia de género añadida. Tanto los hombres como las mujeres sufren torturas, asesinatos, masacres, detenciones, igual que los hombres, pero ellas, son además, víctimas silenciosas de la barbarie que representa una guerra.

Las desapariciones forzadas de los hombres en conflictos armados, generalmente, deja miles de mujeres viudas y/o huérfanas en una situación de extrema vulnerabilidad, ya que la ausencia de sus padres o maridos entraña para ellas no sólo problemas económicos y psicológicos, sino que también puede acarrearles la pérdida de sus derechos y de su rol social. Esto se debe a que en muchos países su identidad social depende complemente de sus maridos, y dada su ausencia estas mujeres acaban siendo víctimas del aislamiento y el estigma social. Además, suele ocurrir que el desaparecido era el único titular de la propiedad de los bienes, que no pueden ser heredados mientras no sea declarado legalmente muerto, lo que en muchos países nunca sucede o requiere de muchos años. Tal situación tiene repercusiones en la herencia, pero también en la custodia de los hijos, en la posibilidad de volver a casarse y en el derecho a la propiedad, a recibir una pensión o una indemnización.
Todo ello hace a las mujeres más vulnerables en situaciones de conflicto bélico y post-bélico. Se comprueba además que son sometidas a todo tipo de humillaciones, vejaciones, violaciones sexuales ‒sobre todo‒, agresiones físicas o psicológicas, en definitiva, al hostigamiento por parte del enemigo como una estrategia más de guerra.
Con todos estos elementos se genera una involución en la conquista de sus derechos humanos, y para terminar con ello la paz no puede pactarse a cualquier precio: no puede tolerarse una guerra que destruya a las mujeres, ni tampoco una paz que las oprima. En los procesos de paz se tiene que poner en cuestión el sistema que genera y mantiene la violencia de género. Para ello los Derechos Humanos no pueden ser parte de la negociación para la paz, sino que son el centro mismo de la negociación y el objetivo de paz.